SAN FRUTOS

OLYMPUS DIGITAL CAMERASan Frutos, patrón de la Diócesis de Segovia, se celebra cada 25 de octubre en una jornada intensa en lo religioso y tradicional. Empieza a las 23.45 del día anterior con el milagro del paso de la Hoja del Libro de la Vida, concentrándose el público ante la imagen del Santo en la puerta principal de la Catedral de Segovia.

San Frutos nació en Segovia en el año 642, dentro de la última etapa visigoda, y en un tiempo en los que los reinos cristianos se hundían en la inestabilidad, lo que provocaría, años más tarde, la decisión del Califato de los Omeyas de avanzar y empezar la conquista de la Península Ibérica en el año 711 d.C.

Este acontecimiento histórico fue muy importante para la vida del Santo, sobre todo durante sus últimos años, ya que su defensa de los cristianos de la zona segoviana y la lucha espiritual contra los sarracenos, provocaron milagros y obras que en la actualidad son reconocidos tanto por la Iglesia Católica como por los segovianos.

La familia del Santo, cuyos hermanos Valentín y Engracia serían clave en su camino pastoral, se vio sacudida por la muerte del padre. Según se escribe, gracias a la tradición y al traspaso del relato generación a generación, la herencia dejada tras la muerte del padre hizo reflexionar a los tres hijos sobre lo importante de la caridad y del servicio a Dios, muestra de su profunda fe y convicciones aprendidas dentro del seno familiar.

Tras dejar toda la herencia a los más necesitados, los tres hermanos decidieron abandonar el hogar familiar e iniciar un camino de retiro y oración, que según la tradición, acabaría junto a las hoces del río Duratón, dentro del actual término municipal de Carrascal del Río.

El entorno del actual Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, que abarca varios municipios, está plagado de numerosas referencias al Santo. Una de ellas llega hasta el yermo en el que se encuentran las ruinas del convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, en el municipio de Sebúlcor, del siglo XII d.C. Es un punto clave dentro de la historia de San Frutos donde, según los relatos, la Virgen se apareció ante un pastor y le mandó que comunicara al prior San Frutos que se erigiera una talla en su nombre.

De los primeros años viviendo en cuevas naturales, San Frutos y sus hermanos, que se convertirían también en Santos, construyeron una ermita para cada uno en este paisaje emblemático surcado por el Duratón. San Frutos se estableció en la cumbre, Valentín a media ladera en la llamada Cueva de San Valentín, con un difícil acceso a través de un pasillo natural, y Engracia junto al meandro próximo a sus hermanos y cerca del batán de su mismo nombre.

En la actualidad, se conserva la Ermita dedicada a San Frutos que data del siglo XII y construida sobre la visigótica, fundada por el Santo en el siglo VII. Este es el único resto de lo que en el pasado fue un conjunto monástico de la Orden de San Sebastián de Silos cedido en el año 1076 por el rey Alfonso VI y con actividad  hasta el año 1836, cuando fueron expulsados por la desamortización de Mendizábal. Todavía hoy se conserva sobre el dintel de la puerta principal de la Ermita el escudo de Silos.

En esta zona fue donde transcurrieron la mayoría de los hechos y de los cuatro milagros que se le atribuyen. Uno de ellos, en vida, cuenta que el Santo convirtió milagrosamente unos toros prestados para edificar un santuario a la Virgen María en dóciles bestias de carga.

La Ermita, situada a 65 kilómetros de la capital segoviana, es cada 25 de octubre lugar de peregrinación y de retiro singular durante todo el año.

La vida del Eremita San Frutos, su especial dedicación a los más necesitados y espiritualidad atrajo a los cristianos que poblaban la zona de Sepúlveda, muy pendientes de la invasión musulmana que se había iniciado con el desembarco de Tarif ben Malluk en la isla de Tarifa. La división civil y política, y el enfrentamiento entre los reinos visigodos de la Península Ibérica hicieron que sucumbieran rápidamente a la invasión. La fecha establecida de la muerte de San Frutos es el 715, a los 73 años, ya con una Segovia invadida.

Los últimos años vividos por el Santo son en los que se obra uno de los milagros que aún, a día de hoy, se puede ser testigo si se visita la zona. Ante el asedio de los musulmanes en la zona del Duratón, los cristianos huyeron en busca de la protección del Santo junto a su Ermita. Ante la cercanía, y según escriben los relatos, el Santo hizo una raya con el báculo que portaba y una gran grieta se abrió ante los soldados sarracenos, que asustados huyeron dejando en la zona un ambiente de misticismo y respeto. En la hendidura abierta, más conocida como cuchillada de San Frutos, quedó construido un puente de piedra de 1757 que permite cruzarla.

Otro de los milagros por los que se recuerda al Santo se relaciona con su ahínco en la conversión de mahometanos y la defensa de Cristo como el Dios verdadero. Ya siendo anciano, San Frutos encontró a un sarraceno que blasfemando negó la Eucaristía y la presencia del cuerpo de Cristo afirmando que ni incluso un animal se comería la hostia consagrada. En este relato, San Frutos afirmó que ningún animal se atrevería a llegar al Señor, puso el pan consagrado con comida para un burro y el animal se arrodilló ante la hostia ocultada entre la comida.

A su muerte, en el 715, el cuerpo del Santo fue enterrado por sus dos hermanos en lo alto de la hoz del Duratón. Años más tarde, Valentín y Engracia, se trasladaron a la Ermita de San Zoilo, dentro del término del pueblo segoviano de Caballar. El Califato en los territorios hispanos estaba casi implantado, y allí, los hermanos del Santo fueron martirizados por los invasores que arrojaron sus cabezas a una fuente al no conseguir que renegasen de su fe. Como marca la tradición, y con el reconocimiento del martirio por parte del Papa Sixto IV a través de una bula, en la Fuente Santa se hacen las Mojadas de los Santos, cuando se dan periodos de extrema sequía y se implora la ansiada lluvia, siempre bajo licencia del Obispo. En el periodo comprendido entre 1593 y 1982, están documentadas treinta y tres “mojadas”, y en veintiséis ocasiones llovió en menor o mayor medida.

Los cuerpos de San Frutos y de los Santos Valentín y Engracia fueron trasladados tres siglos y medio más tarde a la Antigua Catedral de Segovia, construida junto al Alcázar. Los restos de los tres hermanos estuvieron varios años desaparecidos dentro de la Antigua Catedral hasta que el Obispo de Segovia, Juan Arias Dávila (1436-1497) encargó su búsqueda. Al empezar la Guerra de las Comunidades en el año 1520, la Antigua Catedral quedó en ruinas y las reliquias de los tres Santos se trasladaron a la Iglesia de Santa Clara donde se empezaría a edificar en el año 1525 la actual Catedral. Las cabezas de los Santos Valentín y Engracia se conservan en un relicario en la iglesia de Caballar.

Post mortem de San Frutos se le atribuye un último milagro, en el año 1225, conocido con el sobrenombre de La despeñada y cuenta que el Santo salvó la vida de una mujer a manos de su esposo que bajo sospecha de infidelidad le arrojó desde lo alto de la hoz ladera abajo. En agradecimiento, la mujer donó todos sus bienes y en la actualidad se puede ver una inscripción en el sillar situado en la puerta sur de la Ermita de San Frutos: “aquí yace sepultada una mujer de su marido despeñada y no morío i hizo a esta casa lymosna de sus bienes”.

En toda la provincia de Segovia son muchas las referencias, tradiciones y edificaciones dedicadas al Santo. La puerta principal de la Catedral de Segovia está dedicada a San Frutos, que preside con una talla hecha por Felipe de Aragón en 1611.

Pero sin duda, cuando más intensamente se recuerda la vida y obra del Santo es cada 25 de octubre. A las 12.00 del mediodía, se celebra el tradicional canto del Villancico de San Frutos. Su interpretación corre a cargo de un coro popular de más de 200 voces en el trascoro de la Catedral, lo que congrega al pueblo de Segovia y a sus instituciones.

Este Villancico, que fue compuesto por Don Antonio Hidalgo en 1874, es un canto de alabanza y de acción de gracias a Dios por San Frutos, y supone la primera parte de una Eucaristía muy especial. Hace varias décadas eran los seminaristas de Segovia quienes lo cantaban y, en la actualidad, son voluntarios quienes lo hacen, con el protagonismo de una voz solista que corresponde a un niño con una voz blanca de varón.

 

 

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