LA CATEDRAL DE SEGOVIA: DEDICADA A LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN AL CIELO Y SAN FRUTOS

La antigua Catedral de Segovia, se encontraba emplazada frente el Alcázar y estaba bajo la advocación de Santa María. Su primera consagración tuvo lugar el día 16 de julio de 1228 por  Juan, obispo de Sabina. Las obras no habían finalizado y la Catedral tuvo una segunda consagración en julio de 1257 por el obispo don Raimundo de Losana. Esta catedral estuvo  frente el Alcázar hasta el año 1521 cuando con motivo del Levantamiento de las Comunidades, salió malparada.

Fue entonces cuando comenzaron las obras de la nueva Catedral en el año 1525. La primera campaña constructiva abarcaría desde la fachada occidental  (1525) hasta los dos pilares torales del crucero (1558). Esta parte edificada llegaba por tanto hasta el crucero con las naves central, laterales y las formadas por las capillas hornacinas, totalmente finalizadas. Estaban colocadas las vidrieras, el claustro y el coro, trasladados éstos últimos de la antigua catedral.

Luminarias que utilizaron en la celebración de la primera Eucaristía el 15 de agosto de 1558, festividad de la Asunción de la Virgen al Cielo

Fue entonces cuando se cerró con un paredón de ladrillo y cuando comenzaron los preparativos para la traslación del Santísimo Sacramento.  La primera misa que se celebró en esta parte construida fue el 15 de agosto de 1558 festividad de la Asunción de la Virgen al Cielo, a quien está dedicado el principal templo de la Diócesis. Con motivo del traslado del Santísimo se iluminó la Catedral. Diego de Colmenares en el siglo XVII describe la ciudad como una auténtica llamarada: “La torre de la iglesia mayor, y las demás, que son muchas y muy altas, coronadas de luces: bordes, boceles, acroteras y claraboyas todo era llamas… Todo el ventanaje de nuestra ciudad cuajado de luces. Y como por la altura de su sitio está descubierta a las llanuras de Castilla la Vieja, de muchos de sus pueblos se divisaban las luces que sin duda pasaban de veinte mil”.

Con motivo de esta primera misa celebrada en la Catedral, nos cuenta Diego de Colmenares, que la ciudad entera vibraba en ambiente festivo.  La noche anterior se corrieron toros encohetados, las plazas y las calles se iluminaron con hachones y con animales de fuego.  Al día siguiente, 15 de agosto de 1558,  festividad de la Asunción “amaneció   nuestra ciudad llena de regocijo, invenciones, danzas, fiestas y colgaduras y concurso admirable de gente, habiendo ordenado la Ciudad –el Ayuntamiento- que cada aldea de la jurisdicción de esta parte de la sierra trajese a esta fiesta una danza, de que hubo más de cuarenta”.

El acto de traslación del Santísimo desde el templo del convento de Santa Clara –que se encontraba donde hoy en día está la cabecera de la catedral- dio comienzo  a las siete de la mañana. Abrían la procesión atabales, trompetas y clarines, seguían las cofradías con pendones y crucifijos grandes “y vistosos” y número grande de blandones de cera blanca, “seguían las invenciones de las parroquias, que eran muchas, después las religiones, y consiguiente la clerecía con sus cruces parroquiales”. Después de las cruces cuatro sacerdotes portaban unas andas donde iban colocadas las reliquias de San Frutos y sus hermanos. Seguían otras andas con la imagen de Nuestra Señora de la Paz portada por 12 clérigos. A continuación el Cabildo con gran número de cantores y ministriles y sus dos maceros. Finalmente, el Santísimo Sacramento bajo un rico palio que en andas era portado por 24 regidores y caballeros.

Cerraba la procesión el Obispo, acompañamiento, regidores, caballeros y el corregidor entre los dos regidores más antiguos. “Entró la procesión por las puertas del Perdón en el nuevo templo que parecía hundirse de alegría y música, y cierto nuestros ciudadanos, viendo en tan poco tiempo tan grandiosa obra de sus manos, elevaban los ánimos a Dios, autor de tanto bien.  Celebró la misa el Obispo don Gaspar de  Zúñiga y Avellaneda abriéndose de este modo, una semana de fiestas, celebraciones y mucha alegría para los segovianos que veían cómo su esfuerzo físico y económico se materializaba  en la más bella muestra de su amor hacia Dios y la Virgen.

En esta celebración  adquieren un especial protagonismo las reliquias de San Frutos, que fueron encontradas por el cantero Juan de Toro al inicio del episcopado del obispo don  Juan Arias Dávila.

La fábrica de la Catedral quedó inmortalizada en el dibujo realizado por  el flamenco Anton van de Wyngaerde en 1562.  En esta fecha la nueva Catedral no había sido consagrada por eso leemos  sobre el dibujo  “Santa María” advocación viva entre el pueblo segoviano en recuerdo de la antigua Catedral.

Las obras de la nueva Sede continuarían hasta 1686, fecha de cierre del crucero. Sin embargo, habrá que esperar hasta 1768 para asistir a la Consagración de la Catedral el día 16 de julio, quizás en recuerdo de aquel 16 de julio de 1228, fecha de la primera consagración de la antigua Catedral.

Meses antes, en 1767 se comenzó a preparar por parte del Cabildo y del Prelado de la Diócesis don José Martínez Escalzo, la organización de los actos de tan importante  fecha en la vida de la Catedral.  Se fueron encargando cornucopias y cruces para ser distribuidas por toda la Catedral, se acuerda trasladar el Santísimo la víspera del día de la Consagración a la Sala Capitular.

El clero se comprometió a mantener ayuno la víspera de la Consagración y sobre todo se hace especial énfasis en anunciar al pueblo la gran fiesta con volteo de campanas a las doce del medio día, a las dos de la tarde y a las oraciones en la catedral y en todas las misas y conventos de la ciudad.  Un mes antes, concretamente el 20 de junio, el Obispo don José Martínez Esclavo, emite un edicto por el que invita a fieles, cabildo y sacerdotes al cuidado del principal templo de la Diócesis, espejo de fe de la religiosidad de los segovianos.

Todo quedó muy bien dispuesto para que el día 16 de julio de 1768 se procediera a la Solemne Bendición de la Catedral de Segovia.  El coro comenzó a las cuatro y media de la madrugada  comenzando el rito de la Consagración a las cinco de la madrugada. Esta celebración se prolongó durante varias horas y a las doce del medio día el Obispo abandonaba la catedral  acompañado de aplausos y vítores de los segovianos.

En recuerdo de esta fecha tan importante de la Catedral, el Cabildo acordó colocar una piedra en la cabecera de la Catedral, justo detrás del altar mayor, que recordara que nuestra Catedral está dedicada a la Asunción de la Virgen al cielo y a San Frutos, Patrón de la Diócesis. La piedra ovalada dice así:

AD DEI OMNIPOTENTIS GLORIAN IL m°s D. IOANNES IOSEPH MARTINEZ ESCALZO SEGOVIENSIS EPISCOPUS HOC MAGNIFICUM TEMPLUM EIUSQUE ARAM MAXIMAM SOLEMNI RITU CONSEGRAVIT IN HONOREM ASUMPTIONIS BEATAE MARIAE VIRGI -NIS AC SANCTI FRLICTI CONFESORIS ET PATRON I DIE XVI IULII ANNI MDCCLVIII ET AD PERPETUAM REI MEMORIAM HOC MARMOREUM MEMORIALE DICAVIT.

Con motivo de la Consagración de la Catedral, el Obispo don José Martínez Escalzo donó las cornucopias y las cruces, el fantástico órgano de la nave del evangelio que hace pareja con el de la Epístola, el juego de candeleros con la Cruz y sacras, ternos,  así como el retablo de la capilla de San Geroteo, capilla que eligió como lugar de enterramiento. Falleció el 6 de diciembre de 1773.

Enterramiento del Obispo don José Martínez Escalzo en la capilla de San Geroteo.

Cornucopia y Cruz de consagración

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